Hay días que tienen algo especial.
Seguramente todos lo tienen, porque poder estar aquí y poder describirlo, ya es algo especial.
También sería especial, saber describirlo, pero haré lo que pueda para decirlo todo, sin decir nada.
Voy a situar esta historia de forma que se pueda transcribir unas vivencias, sin que nadie se sienta aludido/a, pero intentando describir las emociones vividas y la felicidad que ello destila.
Cuando empezamos la vida de adultos, tenemos la fuerza, la energía y la ilusión que nos lleva en volandas a cualquier sitio que nosotros nos podamos imaginar; por ello, tenemos proyectos e ilusiones y una de las mas grandes, es formar una familia.
Y lo hacemos, pasando momentos buenos y menos buenos, pero siempre con el afán de mejorar nuestra situación y la de nuestra familia.
Seguramente que una gran mayoría, lo conseguimos, pero luego ya miramos y nos preocupamos por el futuro de esa familia creada.
Nos preocupamos por sus problemas y nos alegramos con sus éxitos(familiares, laborales y personales)
Por lo tanto, nuestra madurez, la disfrutamos con sus progresos y bienestar.
Ayer tuvimos una reunión familiar y nos juntamos tres generaciones para celebrar un bonito acontecimiento. Fue especial y muy guapo(podría decir bonito) pero yo me explico así.
En esas tres generaciones, había dos protagonistas, pero me voy a reservar mas datos por no dar detalles de la intimidad de los mismos.
Pero también había, como no, otros protagonistas y todas y todos nos dieron una lección de humildad, respeto y cariño. De empatía, generosidad y saber estar.
Pero por encima de todo, en su comunicación y en su forma de actuar, lo que más vi, fue mucho amor, mucho respeto y mucha integridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario